Tesoros Locales

Tesoros Locales

Testimonio sobre cómo el inicio de una iglesia del pacto en Monterrey, se transformó en un recurso de poder e independencia para una comunidad

por Stan Friedman | Febrero 12, 2021

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Cuando Keyla Castro Amaro era adolescente, tenía miedo de caminar por su vecindario en Monterrey, México. A los comienzos del año 2000, los cárteles de la droga luchaban por el control de la zona. Mucha gente inocente había sido asesinada por balas perdidas; la violencia aterrorizaba a la comunidad. Keyla le pedía a Dios que la hiciera invisible para estar a salvo.

Hoy dice: “Sé que Dios me protegió”.

Keyla y sus padres vivían en un apartamento en la parte de arriba de la pequeña tienda que tenían en su garaje. Su padre era pastor de una iglesia, que se reunía en casa, la cual habían comenzado hace décadas. Un día, su madre estaba preparando sopa para compartir con los jóvenes del barrio, cuando Lisandro y Patty Restrepo, misioneros de la Iglesia del Pacto (Serve Globally), estaban en el vecindario.

Los Restrepo formaban parte de un ministerio de la iglesia del Pacto, la Fundación para el Desarrollo Familiar, Fundefam, cuya misión es “Fortalecer la capacidad de transformación que tienen individuos de comunidades vulnerables, sumando esfuerzos a partir de un modelo integral”. Fundefam, organización sin fines de lucro, ofrece clases de inglés para niños, estudios bíblicos para mujeres, clases de resolución de conflictos, pintura, aeróbicos y desarrollo de liderazgo. Los Restrepo empezaron a ofrecer actividades para los jóvenes, salidas a acampar fuera de la ciudad y oportunidades para que los jóvenes tuviesen un espacio para hablar de sus vidas con sus compañeros y mentores adultos.

Los Restrepo invitaron a Keyla a asistir al grupo de jóvenes, y más tarde a participar en los programas de Fundefam.

Así fue como Keyla conoció a otros estudiantes, y a Nils y Erika Clauson, quienes también formaban parte del equipo de misioneros del Pacto. Con el paso del tiempo, Keyla se convirtió en mentora de otros estudiantes y empezó a a dirigir algunas de las actividades del campamento y estudios bíblicos.

Decidió estudiar psicología justo después de una conversación con un joven a quien le daba mentoría. Keyla se enteró que el joven había sufrido abusos y éste le pidió qué si lo podía ayudar. “¡Pero no sabía qué hacer!”, dice ella, con el dolor de ese momento aún presente en su memoria. “Fue a partir de ese momento que descubrí que quería ser psicóloga”.

Pero ningún miembro de su familia había ido a la universidad. Sin dinero para la matrícula, sus padres trataron de protegerla de la decepción y la animaron a estudiar para ser esteticista. Pero Keyla se ríe y dice que de ninguna manera ella hubiese podido hacer eso. Tenía un sueño el cual estaba convencida que Dios había puesto en su corazón.

Cuando acudió a Lisandro Restrepo en busca de ayuda, él mencionó que podrían conseguirle una beca. Solicitaron la beca a varias organizaciones, pero fue rechazada una y otra vez. Finalmente fue a la universidad local para una entrevista y solicitar la beca. La cara de Keyla se transforma cuando describe cómo la mujer que la entrevistó la increpó, diciéndole: “¡Dile a tus padres que busquen trabajo!”.

Keyla regresó a casa desconcertada. Lloró durante tres días, sin saber por qué Dios había puesto un sueño en su corazón sin proporcionarle la manera de lograrlo. Lisandro trató de animarla diciéndole que lo intentarían de nuevo. Keyla siguió clamándole a Dios. “Pero en realidad, confiesa, realmente no oraba, solo lloraba porque me sentía muy mal”.

A los tres días, la mujer que la había humillado llamó a Keyla y le dijo que no había podido dormir después de haber rechazado su solicitud de beca. Temía no poder dormir hasta que le concediera la beca y por lo tanto le pidió a Keyla que viniera de inmediato para firmar los papeles. Más tarde, otra organización le llamó para decirle que habían cometido un error y que le otorgarían una beca. Al final, todos los gastos de estudios de Keyla fueron pagados. Inclusive obtuvo también su maestría, por medio de una beca.

Actualmente Keyla es una de las líderes de Fundefam, donde es instructora del programa para jóvenes. También enseña en una universidad, ayudando a estudiantes que provienen de entornos similares a los de ella, y dirige una oficina privada de consejería.

Claudia Garza, directora ejecutiva de Fundefam, dice: “Siempre estaba orando por Keyla. Tiene un llamado muy grande a servir a su comunidad. Tiene un corazón humilde y obediente a Dios”.

“Ahora podemos visitar la comunidad e invitarles a participar
en Fuendefam”, dice Claudia. “Los invitamos a los programas.
Tenemos un grupo de mujeres, y un club infantil.
Todavía no hay seguridad en las horas de la noche,
pero podemos hacer los programas durante el día”.

Al igual que Keyla, Claudia es un gran ejemplo de lo que esperaban los misioneros del Pacto de Serve Globally, John y Letha Kerl, cuando iniciaron Fundefam hace 20 años.

Los Kerl llegaron a Monterrey en 1993. La ciudad de tres millones de habitantes es el centro industrial del país, situada a 135 millas del extremo sur de Texas. A lo largo de las vías que atraviesan el corazón de la ciudad, se ven letreros que anuncian empresas estadounidenses, así como grandes empresas mexicanas.

Su deseo inicial era empezar una iglesia, pero se enfrentaron con varios problemas. Por lo tanto, decidieron empezar a dar clases a padres de la comunidad, dándose así conocer y más tarde invitándoles a formar parte de una congregación. Con el tiempo, escribe John que “La gente empezó a llamar a la puerta de nuestra casa día y noche pidiendo que les dejaran asistir a la clase”. Treinta y siete parejas, incluyendo a Claudia y a su esposo, asistieron a la primera clase. Cuando el curso terminó, los participantes querían aprender más. Entonces los Kerl empezaron una clase para parejas, basada en el libro Los cinco lenguajes del amor, de Gary Chapman.

Las clases para parejas tuvieron mucha demanda, entonces los Kerl empezaron a ofrecer los cursos en la escuela local. En 1999, se firmaron los documentos que legalizaron la incorporación de la Fundación para el Desarrollo Familiar FUNDEFAM. Las actividades de este ministerio crecieron rápidamente por lo cual decidieron comprar un edificio.

Encontraron una propiedad disponible en una buena ubicación, en una vía muy transitada, a menos de dos millas de una importante universidad y a las afueras del vecindario Dos Cerros. Con fondos de dos organizaciones del Pacto Covenant World Relief y Amigos de la Misión (Friends of World Mission), compraron la segunda planta del edificio.

“Cuando nos dieron la llave, tuve literalmente que arrastrarme por las escaleras porque estaban llenas de enredaderas con espinas”, dice John Kerl. “Cuando abrí la puerta, los pisos estaban tan sucios que no se sabía de qué material estaban hechos”. El techo tenía muchas goteras. Una de las puertas se desprendió de las bisagras cuando alguien intentó abrirla. El edificio no tenía aire acondicionado. Las ventanas de la planta inferior estaban rotas por lo cual había indigentes que entraban y dormían allí.

Se les pidió a las familias que habían estado tomando las clases, participar en la limpieza de la segunda planta. Todos vinieron y trajeron  baldes, escobas y trapeadores. Se necesitaron tres meses para limpiar y preparar el edificio para su ocupación.

Los Kerl continuaron impartiendo las clases para padres y matrimonios, además de otros cursos. Las madres empezaron a traer a sus hijos a Fundefam a participar de los programas infantiles. Fundefam se convirtió en un centro comunitario, ofreciendo programas de clubes juveniles, grupos de madres, clases de inglés, cursos de prevención de la violencia, estudios bíblicos, un cibercafé y un centro de tutoría, así como una escuela bíblica de vacaciones de verano.

Claudia Garza, directora ejecutiva de Fundefam.

Uno de los principales objetivos de Fundefam era ayudar a la comunidad a que ellos mismos se vieran como el recurso más valioso para transformar su propia comunidad. Sin embargo las tasas de desempleo de la comunidad superaban el promedio nacional. Muchos niños no asistían a la escuela, además muchos no terminaron sus estudios de la escuela secundaria, ni fueron a la universidad. Por otro lado, la violencia provocada por los cárteles de la droga seguía creciendo.

Inicialmente, los miembros de la comunidad venían a Fundefam con la idea de escuchar a profesionales y expertos, dice Lisandro. “La autoridad es muy respetada en esta cultura”. Sin embargo lo que encontraron, fueron facilitadores locales, gente como ellos, quienes les ayudaron a desarrollar sus propias habilidades.

“Recibieron capacitación y luego invirtieron esos conocimientos y nuevas habilidades en la comunidad”, dice Patty. Los mismos residentes empezaron a dar pasos para ayudar a liderar la organización.

Lisandro describe su filosofía. “Al mismo tiempo que estás formando un discípulo, estás formando un líder. Al mismo tiempo que estás formando un líder, estás formando un discípulo “.

Cuando el gobierno inició una campaña para acabar con el control de los cárteles, la violencia se intensificó, dejando cientos de miles de muertos. Los residentes les recomendaron a los misioneros del Pacto, los Restrepo, a mantenerse alejados. “Durante la crisis del cartel, la gente de la comunidad me decía: ‘Lisandro, por favor, no vuelvas a presentarte por aquí. Estás en peligro”.

“Fue muy difícil para nosotros porque realmente queríamos estar allí”, dice Patty.

Los Restrepo continuaron ayudando a Fundefam pero no regresaron allí sino después de cuatro años. Durante ese tiempo, más miembros de la comunidad se fueron convirtiendo en líderes. En el año 2010, Claudia y Sandra Cazares, se convirtieron en las líderes de Fundefam.

En el 2012, los Restrepo participaron en una ceremonia de reconocimiento y entrega a los líderes locales de Fundefam. La ceremonia se cerró con un acto de bendición mutua, ya que se invitó a cada participante a atar un cordón blanco alrededor de la muñeca de otro participante, mientras le bendecía en oración.

En los últimos años, el crimen se ha disipado pero aún está lejos de desaparecer. El vecindario aún enfrenta grandes desafíos. “Ahora podemos visitar la comunidad e invitarles a participar en Fuendefam”, dice Claudia. “Los invitamos a los programas. Tenemos un grupo de mujeres, y un club infantil. Todavía no hay seguridad en las horas de la noche, pero podemos hacer los programas durante el día”.

La seguridad del área ha mejorado hasta el punto de que en julio del 2019, la fundación empezó a recibir equipos misioneros de nuevo; después de 10 años de no poder hacerlo. Un pequeño grupo de la Iglesia de Edgebrook Covenant de Chicago vino para ayudar con varios programas, incluyendo un retiro de mujeres y para hacer mejoras en el edificio. Su visita fue organizada a través de Merge, un ministerio de Servicio Global (Serve Globally). Esperamos poder reanudar las visitas presenciales el próximo verano.

El gobierno, las empresas privadas y la universidad que está cerca, han comenzado a apoyar el trabajo de Fundefam y han iniciado esfuerzos propios para invertir en la comunidad. Por ejemplo han fomentado el desarrollo de vías de acceso y la construcción de extensos metros de escaleras para poder acceder a las colinas empinadas de la zona.

 “Al mismo tiempo que estás formando un discípulo,
estás formando un líder. Al mismo tiempo
que estás formando un líder, estás formando un discípulo”.

Cuando Keyla estaba en la universidad, un día que caminaba bajo la lluvia, porque no tenía dinero para pagar el transporte, un vehículo que pasaba la empapó de agua. Cuando llegó a la escuela, vio a un estudiante salir de un carro nuevo y eso la llevó a quejarse con Dios, por la injusticia de la desigualdad. Hoy recuerda que Dios le dijo: “Necesito que te quedes aquí. Necesitas aprender”. Keyla se dio cuenta que necesitaba más educación para poder servir a los demás.

Fue entonces cuando Keyla dice que descubrió que era una persona valiosa por ser quién era, independientemente de lo que tuviera o no tuviera. Hasta entonces, se había sentido avergonzada de reconocer ante sus compañeros de qué barrio procedía. Hasta que un día, comenzó a compartir su trasfondo y su historia. Un día, el rector de la universidad se enteró de su historia, y esto sirvió para que la Universidad se interesara en conocer sobre su vecindario. Empezaron a celebrar fiestas para los niños de esa zona y luego empezaron a ofrecer asistencia educativa para los estudiantes que querían asistir a la universidad.

Keyla Castro con sus padres, Rosalinda Amaro Villareal y Arnulfo Castro Sandoval. En noviembre la familia quedó desolada, cuando el padre falleció tras contraer coronavirus.

Tanto el personal de Fundefam como los miembros de la comunidad, han perdido a familiares y amigos a causa de COVID-19, incluyendo el padre de Keyla, Arnulfo Castro Sandoval. Además muchas empresas familiares se han visto económicamente afectadas. Otros han perdido su empleo debido al cierre de empresas. Por otro lado muchas familias de otros sectores que le daban trabajo de servicio domestico a mujeres de esta comunidad, ya no lo necesitan o no lo pueden pagar.

La necesidad más inmediata durante la crisis del COVID-19 es la de alimentación. A través de Covenant World Relief and Development se ha logrado un subsidio para ayudar a las familias de Fundefam. Por otro lado, Fundefam buscó ayuda por medio de otras organizaciones quienes aportaron para alimentar a 120 familias. Además lanzaron programas en línea, un campamento de verano virtual, y reuniones juveniles con organizaciones apoyadas por CWRD y con participación de otros miembros del Pacto de América Latina. En agosto, ofrecieron cursos en línea para mujeres de talleres de pintura, arreglos florales y prevención de la violencia.

“La realización de los talleres y las clases en línea han animado a la comunidad”, dice Claudia. “Incluso a distancia, la gente puede permanecer unida. Las clases les están ayudando a superar la ansiedad que muchas personas están sufriendo debido a la pandemia”.

Fundefam y su equipo están decididos a seguir sirviendo a su comunidad, comenta Claudia. Su objetivo es que la gente sienta y viva las palabras escritas con pintura en aerosol, frente a la tienda de la familia de Keyla: “De invisibles a invencibles”.

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